jueves, 10 de julio de 2008

Navidades en el pueblo

Navidades en el Pueblo



Samantha tiene ya 30 años, hoy mientras hace un proyecto para una carretera en el despacho de su casa, entre papeles y planos, lápices y carpetas algo cae al suelo.

Le da la vuelta y ve que es una foto de su abuelo, la vuelve a mirar, aun le sonríe estáticamente, sin embargo lleva ya mas de una década muerto, en ese momento recuerdos del pasado pasan fugazmente por su cabeza.

Recordó, aquellas noches frías de antaño, cuando era niña; aquellas noches en el pueblo de los padres de su madre; en medio de la montaña, el frio no solo congelaba, dolia, el viento era implcable, duro y hostigador pero lo mas bonito eran aquellos copos de nieve, aquellos maravillos y gelidos copos blancos que caian del oscuro cielo a la montaña y teñian de blanco el verde.

Recordó las vallas, las vacas, los pinos, la pequeña carretera que llevaba allí y la casa de sus abuelos, en medio de los enromes árboles, cerca del rió que se congelaba.

Todavía hoy habiendo tantísima distancia tanto temporal como emocional podía sentir como su sangre se helaba bajo sus venas; sin embaro alli habia otro mundo, un mundo calido, familiar y festivo dentro de la hogareña casa de sus abuelos.

Recordaba los jerséis de lana, las carreras y las peleas con sus hermanos, a sus padres regañándolos, y a sus abuelos.

Sus abuelos eran gente antigua, gente de del siglo pasado, gente estricta, gente que la vida había endurecido, que habían pasado una amargura por cada arruga de su cara.

Recordó como sus abuelo presidía la mesa, con aire autoritario los miraba y los regañaba mirándolos severamente cada vez que comían antes de rezar o cada vez que hacían alguna impertinencia.

Su abuela era también una persona muy seria, daba menos respeto, pero componía junto a el una pareja perfecta; La abuela jamás había trabajado fuera de casa, siempre se había dedicado a cocinar y a criar a sus siete hijos. De allí que no toleraba que su hija le echase una mano en la cocina y les mantenía a todos los hermanos a raya en las peleas.

Sin embargo no era todo autoritarismo y seriedad, los abuelos a su manera eran muy tiernos, eran gente dura si., Pero a veces mucho mas amables que sus padres, siempre en Navidad les entregaban 20 dólares a cada uno y siempre que paseaban la invitaban a helados y a chuches no como los padres que siempre dicen que no se lo merecía.

También recordaba las veces que la llevaron al cine, al parque de atracciones sin rechistar y sobre todo recordaba como cuando ella y sus hermanos se reunían al amor de la lumbre con su a abuela y las contaba cosas del pasado, de la guerra, de un tiempo primitivo que ellos no conocían.

Pensando y pensando Samantha recordó una situación muy especial, una vez estando , con su madre se gano una regañina por tirar de los pelos a su hermano menor porque la estaba haciendo burla y la había escupido.

Se enfado tanto que cogió y se fue de la mesa y no contenta con ello salió de la casa sin que se enterasen y se unió al frió y soleado día de invierno, anduvo frustrada, cruzo la pequeña carretera y se dirigió a la laguna a tirar piedras al agua.

Anduvo, anduvo llena de ira a la que se sumaba el miedo a la represalia de sus padres que ya habrían notado que se había ido, entonces mientras andaba rebajo sobre un asqueroso barro formado la noche anterior sobre una roca plana y cayo al suelo y se golpeo la espalda, choco con tanta brusquedad que exclamo un “la hostia puta” que resonó por todo el espeso bosque.

Se levanto y se limpio las manos llenas de suciedad y sangre. Entonces lo vio, a diez metros de ella se encontraba un animal muy hermoso, una enorme herbívoro de cuatro patas y enormes cuernos la miraba desconfiado; ella primero se asusto de su tamaño y de sus enormes cuernos; Estaban ella y el animal juntos en medio de la nada; sin embargo no pudo esconder su ansiedad por acariciar y comprobar que ese animal era de carne y hueso, así que acerco lentamente, poco a poco, el animal la miraba indeciso, se acerco mas y cuando estaba apunto de tocarle, se dio la vuelta y retrocedió hacia el frondoso bosque, al principio pensó seguirlo pero el miedo a sus padres le hizo dejarlo.

-Siempre acaban huyendo, sobre todo cuando no te conocen- dijo una voz familiar tras de ella que la sobrecogió y a la vez la hizo temer.

-No te preocupes, a mi me pasa a veces lo mismo; las personas se enfadan sin motivo y no sabemos muy bien por donde sacar nuestro carácter.

Samantha miro a su abuelo confundida, era la primera vez que le oía decir eso en un enfrentamiento con sus padres.

-No me gusta como son, a veces los odio.

-Te comprendo dijo el, yo también tuve padres hace mucho tiempo, pero entonces si que eran duros, recuerdo que a mi padre le llamábamos de usted y siempre que hacíamos algo malo nos daba con el cinturón y nos hacia marcas que duraban.

Samantha se quedo mirándole intentando creer que aquel hombre había sido alguna vez niño como ella y había discutido con sus padres y se había sentido como ella ahora.

-Al final cuando te haces viejo te das cuenta de que todas aquellas cosas por las que has perdido alguna amistad o has hecho daño no merecían mucho la pena, sabes cada vez que pienso la cantidad de personas con las que he discutido y no ha servido para nada.

Ella lo miro indecisa.

-Claro que hay veces que ponernos en nuestro lugar; sabes con el tiempo aprendes a no tener miedo a plantar cara a la gente, cuando llegas a esta edad te das cuenta de que muy pocas cosas importan, tu familia, tu mujer y unos pocos amigos. Venga vamonos para casa.- Y cogiendola tiernamente de la mano la alejo del frondoso y frio bosque rumbo a la casa.

Poco después de llegar su abuelo les contó a sus padres que había salido a dar una vuelta con el.

Hoy a pesar del tiempo recuerda muy muy bien esos quince minutos casi con mas nitidez de lo que recuerda todas las navidades que pasaron con sus abuelos.

miércoles, 9 de julio de 2008

Historia de ella, historia de el

La Historia de Rosa

Rosa era una chica muy atractiva, vestia siempre muy elegantemente con medias, zapatos de tacon e iba elegantemente escotada, en el barrio era de las chicas que mas perseguían los chicos, tenia el pelo castaño claro y los ojos verdes, un dia fue a comprar

Unas botas a la zapateria del barrio.El dia estaba tranquilo, habia poca gente por la calle, era un viernes de primavera y ya estaba oscureciando, no habia muchos jóvenes por la calle y seguramente los encontraria cuando saliese por la noche, no hacia frio hacia una temperatura muy agradable, entonces por fin diviso la puerta de la tienda, habia una luz agradable dentro de ella que contrastaba con la medio oscuridad de la tarde y puestos en el escaparate habia varias botas y zapatos.

Entro en la puerta y un sonido suave sono ya que habia un jueguete metalico de esos que hacen ruidos alli arriba y miro hacia el frente, en vez de estar la simpatica señora de siempre habia un chico joven, algo menos que ella, algo gordito, con el pelo corto y mirada golosa.

La miro de arriba abajo descaradamente, desde los zapatos pasando por la falda oscura hasta la camisa que ocultaba el escote, se sintio molesta de que la mirase con tanto detenimiento.

-Hola- dijo al fin

-Hola- dijo ella

-Hoy no esta mi madre.

-Si ya veo- dijo ella algo contrariada, sinceramente esperaba que su madre estuviese, habia visto alguna vez a su hijo, sobre todo cuando ella estaba en es insituto estaba algunos cursos por debajo de ella

Mientras miraba por la tienda, Raul la miro otra vez muy tranquilamente de arriba abajo, ella lo miro y el comprendio que se encontraba algo contrariada.

-Bueno- dijo algo cortado- que querias¿?

-Queria unas botas nuevas

-Habias pensado en algo en especial...

-Bueno, si queria esas botas de piel que estaban en el escaparate hace una semana

-Ah, si, creo recordarlas, estan en el sotano, ahora vuelvo.

Raul se dio al vuelta y y se acerco a una escalera que descendia.

Entonces se apoyo en la escalera y le dijo:

-Por cierto, hace un tiempo vino mi prima, creo que estaba en tu clase

-Mmmm, sino se, como se llamaba¿?

-Elvira.

-Asi, si claro, si que la recuerdo, se fue de aquí no¿?

-Si se fue hace tiempo, pero este verano volvera como siempre

Dicho esto bajo la escalera. Rosa recordo que con Elvira las cosas no habian acabado demasiado bien, cuando eran niñas eran muy amigas pero en la adolescencia se apartaron poco a poco y al final dejaron de hablarse.

La estancia alli se le estaba haciendo cada vez mas incomoda, ya casi estaba planteándose no haber venido este dia, anduvo un poco por la tienda y miro sin interes el resto de la tienda incluidas las paredes.

Se oyo unas pisadas por la escalera y eso la hizo volver a ponerse en tensión, Raul volvio.

-Si, las tenemos todavía, unicamente que las bajamos porque nadie las compraba, asi que, quieres probártelas pars si te estan bien.

-Si de acuerdo.

Raul abrio la caja y le entrego un ejemplar a Rosa, Rosa se inclino ligeramente y se la probo mientras se agachaba pudo ver de refilón como desde Raul la observaba lujuriosamente.

-Si me valen- dijo de inmediato- cuanto es¿?

-50 euros- respondio Raul asustado por la brusquedad

-Vale toma- dijo Rosa y saco un billete de 50 y se lo dio- me voy

Y sin esperar a que dijese algo mas, salio con paso majestuoso hacia la puerta y una vez estuvo en la calle sintio un pequeño cabreo y noto como el aire frio de la noche entraba otra vez en su cuerpo.

La historia de Raul:

Raul cursa segundo de bachillerato y bueno la verdad el curso no le iba especialemente bien, le habiam quedado cuatro asignaturas en el segundo cuatrimestre y entre los examenes finales y la selectividad estaba hasta la polla de todo, hoy desgraciadamente ni siquiera podia haberse quedado con sus amigos, pues su madre le habia encargado que hiciese las veces de dependiente de la zapateria cuando ella falataba, hoy se habia marchado con su padre, asi que de mal humor tenia que quedarse, estaba en la sala de la pequeña televisión, después de hacer unas llamadas a sus amigos y deseando salir de alli, habian venido solo una señora gorda que queria no se que cosa y un hombre calvo que le pregunto donde estaba su madre varias veces antes de comprar, todavía quedaban unas largar horas hasta la noche y tenia que aguantar como fuese.

Entonces sono un ruido procedente la puerta y salio al exterior y entonces vio a una mujer joven, era la pija del barrio, una niñata estupida la cual habia sido compañera de su prima hace algunos años cuando estaba en el instituto, todos sabian que era una completa idiota.

-Hola- la saludo

-Hola- saludo ella con un toque antipatico en la voz que a Raul le molesto aun mas la tarde

-Hoy no esta mi madre- le dijo deseando que hubiese estado alli y no tener que tratar con esa estupida

-Si ya veo- dijo como si le molestase que el estuviese alli, ya que estamos penso Raul la voy a dar un pequeño repaso y la miro de arriba abajo con esas medias y esa blusa parecia una facilona, ella le miro y entonces el se sientio un poco pillado.

-Bueno, que querias¿?- la dijo

-Queria unas botas nuevas- normal en esa tia tan tonta, seguro que se gastaba el dinero de su familia en ropa

-Algo en especial.- le dijo con algo de ironia

-Bueno, si queria esas botas de piel que estaban en el escaparate hace una semana

-Ah, si, creo recordarlas, estan en el sotano, ahora vuelvo.

De verdad, que la tonta esta me haga trabajar, pues podria bajar ella misma, cuando llego a la escalera recordo que a su prima no le caia muy bien ella asi que lanzo un comentario

-Por cierto, hace un tiempo vino mi prima, creo que estaba en tu clase

-Mmmm, sino se, como se llamaba¿?

-Elvira.

-Asi, si claro, si que la recuerdo, se fue de aquí no¿?

-Si se fue hace tiempo, pero este verano volvera como siempre

, Rul entro en el trastero y busco entre varias cajas, aparto una tras otra y al final reconocio la caja en cuestio y abajo. Parecia mentira que con el tiempo que habian pasado juntas no la recordase, en fin subio las escaleras y la vio andar un poco, hasta que se dio la vuelta como sobresaltada.

-Si, las tenemos todavía, unicamente que las bajamos porque nadie las compraba, asi que, quieres probártelas pars si te estan bien.

-Si de acuerdo.

Raul abrio la caja y le dio una de ellas y ella la cogio como si se la quisiese robar, se agacho y se la puso, entonces le miro y le pregunto muy dignamente:

-Si me valen, cuanto es¿?

-50 euros

.-Vale toma- y le entrego un billete de 50 arrugado- me voy

Y de manera maleducada y sin despedirse salio de la tienda rapidamente, Raul oyo como cerraba la puerta y un sentimiento de ira le invadio añadido al aburrimiento de toda la tarde.

DOS DE ESPADAS

Desde que nació estaba preparado para este momento, cumplir los 14 años significaba en su pueblo someterse al desafío que todos los varone...