sábado, 19 de diciembre de 2009

LAS LIEBRES

A TRAVES DE LA PUERTA

-Te aseguro que si existe- le dijo Pardo a Blanco.

-Cuentos de hadas- respondio Blanco

Y los dos siguieron brincando por la ciudad

Entonces aparecio Aguti.

-De que hablababais chicos.

-Nada, este idiota que dice que hay una madriguera magica que te transporta a otro universo.

-Mmm…- respondio Aguti.

-No lo creeras tu tambien

-No lo se, solo que hace mucho tiempo, dejad que os cuente lo que vi con mis propios ojos:

Salimos de la ciudad de las madrigueras y nos internamos en el bosque Rosado y yo después de salir del instituto y una vez que nos encontramos alli vimos algo extraño, era una puerta fosforescente que brillaba.


Nos internamos en ella y seguimos por un tunel hasta que vimos la luz del sol, entonces vimos algo extraño, eran como los humanos esas bestias que nos ayudan con la carga; solo que andaban erguidos y con ropa y ademas portaban escopetas.

Nada mas verlos Rosado y yo nos asustamos, entonces uno de ellos alcanzo a Rosado de lleno, se lanzaron como si fuera su presa pero al mirarlo bien parece que se asustaron y lo dejaron.

Yo mismo lleve el cadáver de Rosado a traves de la madriguera y después de mucho papeleo al no portar yo arma se me declaro inocente.

-¡Menudas gilipolleces nos cuentas!- exclamo Blanco y volvio dando saltos a la ciudad de las madrigueras.

EL CONSEJO DE LA ABUELA

-Marta- dijo Antonio- deberiamos irnos salir cuanto antes.

Marta siguió haciendo la maleta sin hacerle mucho caso.

-Antonio- dijo al fin- no se si es buena idea todo esto.

-No iras a creer a tu abuela, no hay ningun duende en ese valle, ni se come a la gente
-Digas lo que digas no me apetece mucho ir, la abuela puede ser muy fantastica y supersticiosa pero siempre me ha dicho la verdad

-Esto es de coña- dijo el muy indignado y salio cerrando la puerta de sopeton.
Un dia después estaba sentado junto a otros tres chicos en el bosque.

-Jacinto- dijo Antonio- Deberias ir a por unos troncos para hacer leña.

-Ve tu, a mi que me cuentas.
-Bueno- dijo Gabriel- ire yo
Paso una hora y Gabriel no volvio.

-Jacinto- volvio a repetir Antonio- este gilipollas se ha vuelto a su casa, ve a buscar leña
-A mi que me cuentas, ve tu a por ella.

-Bueno- dijo Guillermo ire yo

Paso una hora y Guillermo aun no habia regresado.

-Esto es el colmo- gruño Antonio
-Yo me piro tio, esto es un coñazo- dijo Gabriel y se marcho.

Antonio un cuarto de hora después estaba andando de vuelta a su casa por el bosque; empezaba a anochecer y no encontraba el camino.

Entonces tropezo con algo, ¡¡¡un craneo humano!!, y entonces vio un monton de cráneos humanos en el suelo, y al lado una cascada entre musgo y helechos.
Antonio miro hacia alli y vio un ser espigado de color verde de dos metros y medio con los ojos enrojecidos y una larga nariz y las orejas puntiagudas.

-Soy el duende de la fuente.- dijo con voz aguda mientras enseñaba dos largos incisivos llenos de sangre.

Antonio salio corriendo, pero la criatura corria mas que el y le agarro de la cabeza y le metio en el sucio y frio lago de la cascada mientras reia con risa burlesca.
Poco después se recibio la noticia en el insituto de que cuatro chicos habian fallecido en el bosque. A lo cual un profesor en clase de Marta les recordo lo malo que era ignorar las normas forestales.

-Lo que yo creo- dijo ella poniendose en pie- es que deberiamos escuchar a nuestros ancianos en vez de reirnos de ellos.

domingo, 22 de noviembre de 2009

SIGLO XXX

Sofia se levanto a las 8 y media, era lunes y tenia que llegar al colegio; se vistio rapidamente y salto por la ventana; una vez en el suelo cogio dos frutas de carne para desayunar; después cogeria un bulsko para llegar.

El bulsko no tardo en aparecer, se monto, sintio a donde queria ir y la llevo rapidamente; vio pasar los montes rojos, llenos de arboles, algunos inmensos como montañas con frutas del tamaño de un estadio; luego vio las aves gigantes en el cielo transportando personas y al final vio su colegio, el K.P. Roostringerd; llamado asi por el nombre de un fallecido expedicionario.

-¿Qué daremos hoy señorita?- dijo al ver a su maestra.

-Hoy estudiaremos las guerras de Africa contra EEUU

Sofia sonrio, le encantaba la historia; cuando paso a la clase vio a otros niños, unos con mascotas otros sin ellas.

Se sintio feliz y miro por la ventana, las dos Lunas estaban en el cielo y decian que por las noches se puede ver otra a la que antiguamente se le decia Tierra; pues de alli venia su raza

sábado, 14 de noviembre de 2009

EL AMBULOCETUS

EL AMBULOCETUS


Alfonso Gutiérrez llegó jadeando y con el abrigo a medio poner a la puerta del zoo, un minuto después reconoció la silueta de su colega de biología molecular Gerardo Sañudo.

Se internaron dentro del recinto, hacía mucho frío y era noche cerrada.

—¿Qué querías? Debe ser muy importante para hacerme venir a estas horas con tanta urgencia.

—Solo necesito que veas una cosa —respondió Gerardo— y entenderás mi preocupacion.

Gerado llevó a Alfonso a uno de los acuarios y allí vio lo imposible: dos criaturas del tamaño de un oso pero con las patas palmeadas estaban en la superficie durmiendo en el montículo del acuario que décadas atrás había sido para delfines.

-¿Qué son esos animales? —dijo Alfonso con aparente sorpresa.

-Es algo imposible, lo descubrí hace media hora; no sé qué hacer- dijo Gerardo mientras se echaba las manos a la cabeza

-Pero ¿qué son exactamente? —respondió mirando hacia el techo.

—Parece algo insólito, pero es un Ambulocetus, una ballena primitivísima, un animal extinto.

Alfonso apretó los puños.

-¿Qué crees que debemos hacer?

-Ve a llamar al director —respondió Alfonso.

Nada más darse la vuelta,dio dos rápidos y precisos disparos de pistola a su compañero y después lo arrojó a la piscina que cambió del azul al rojo mientras las dos bestias se lanzaban al agua.

Había invertido mucho esfuerzo en el proyecto como para que un imbécil lo delatase en lo que era el gran negocio del siglo XXII: el tráfico de bestias devueltas a la vida.

La Criatura

-¡Mama, mama! No encuentro a las ovejas-

La madre miro a su Joaquín, el pequeño pastor mejicano de unos 12 años.

-Bueno, ya es tarde; puedes entrar en casa.

El joven entro contento comió una escasa pero dulce cena y después se fue a acostar.

Sin embargo esa noche no fue igual que las demás; las ovejas balaron intensamente; Joaquín no pudo pegar ojo y cuando miro a la ventana vio algo extraño.

Algo parecía estar asustando a las ovejas, algo bípedo y oscuro, algo con unos colmillos llenos de sangre.

Aquella noche no pudo dormir pero se la paso con la cabeza debajo de las sabanas y abrazado a la almohada.

Al día siguiente su madre junto con unos cazadores observaron la escena:

Veinte ovejas muertas con unos incisivos clavados en la nuca.

-Perros…-dijo un cazador- malditos perros.

Ese mismo día una partida de cazadores trajo los cadáveres de 3 grandes y negros perros; pero aun así Joaquín no pudo conciliar el sueño la siguiente noche recordando la imagen de la criatura bípeda.

EL CONEJO

Un dia Hector pasaba con su coche a gran velocidad cuando vio un cartel en la carretera:

“San Hidalgo de las Heras” rezaba.

Disminuyo la velocidad y siguió de frente no sin que una gota de sudor fria le recorriese la espalda.

Entonces se acordo; cuando con 4 años en pijama blanco con dibujos de aviones se encontraba en el cuarto de invitados de la casa de sus abuelos; soñaba algo raro, de manera intranquila, queria avisar a su madre en el sueño pero no acudia.

Se levanto al baño, cuando en aquel instante algo le rozo la pierna derecha, algo suave y mullido.

“un conejo” penso Hector “que hara un conejo aquí adentro”

Entonces recordo algo extraño, recordaba que sus abuelos le habian llevadoa ver una estatua de un conejo gigantesco de largas patas y orejas, grande como un caballo; o lo habria soñado¿?

Hector sujeto con firmeza el volante.

Entonces volvio a recordar; el no volvio a su cama después de ir al baño; siguió al conejo y entonces llego a salir fuera cuando los vio; un monton de conejos de varios tipos de pelaje moviendose y chillando como en una orgia humana; y en el centro un conejo de dos metros de altura de largas patas y orejas le miro.

Hector agarro el volante con las dos manos y cerro los ojos.

Lo siguiente que vio fue el asfalto, el ruido de sirenas, un riachuelo rojo y cerca de alli un pequeño conejo gris.

sábado, 17 de octubre de 2009

El Terror que vino del Espacio

Hace unos años, según me comentaron, vivía un matrimonio sexagenario en mitad de la montaña; guardeses de fincas desde su juventud, vivian en monótona complicidad durante décadas, mientras sus hijos habían huido a la ciudad en pos de un mundo mejor.

Asi pasaban el tiempo arreglando los desperfectos de la ruinosa propiedad de los pudientes dueños.

Justo una noche, después de recoger el ganado, se hallaban acostados el uno junto al otro en su ancha cama cuando algo ocurrio.

Un ruido exagerado, que primero parecia un zumbido y después pasó a ser como el ruido de un motor de avión, invadió su lecho conyugal, haciendo que el ruido del gota a gota del grifo y el susurro natural del viento cesaran durante unos instantes.

Un sonido horrible, como un trueno en mitad de una tormenta veraniega; tanto el hombre como la mujer temblaron; más aún cuando vieron unas luces de colores que parecian de otro mundo cruzar su habitación.

La mujer y el marido se miraron horrorizados. Los perros ladraron, las ovejas balaron intensamente. susurró el anciano que vió cómo caía una lágrima por la cara de su mujer que contestó con un gemido de desesperación.

Al principio callaron y se quedaron quietos; cuando el marido, en un acto impulsivo, se levantó de la cama y se puso el viejo pantalón, copio la linterna y, empuñando ela vieja escopeta de la que disponía, dirigió a su mujer una mirada extraña.

Ella se levantó y le siguió; anduvieron en la oscuridad de la noche abrazados el uno junto al otro, mientras temblaban; a lo lejos se oían los animales inquietos, quizá producto de un sexto sentido ante la gravedad del peligro; la luna era nueva y dejaba ver las estrellas y las lejanas y horribles criaturas que podían habitar en ellas.

—Mariola… —susurró el anciano.

¡Y qué horrible fueron esos momentos, cuando, presas del pánico, recordaron los programas nocturnos de terror, extraterrestres y abducciones!

Entonces cogidos de la mano lo vieron, un agujero de gran tamaño en mitad del campo de tierra y en su centro, mientras el anciano sostenía firmemente su arma, vieron un extraño cuerpo metálico con el nombre de HISPASAT tatuado.

Volvieron a su casa sin mirarse el uno al otro, se acostaron y por fin cuando habian apagado las lueces sonrieron tiernamente.

viernes, 19 de junio de 2009

LA ONDINA

LA ONDINA

Por Ignacio Pantoja

—Estimado viajero —dijo ella—, te has acercado a mi lago a pesar de las prohibiciones de cruzar el umbral de la verja y caminar entre mis dominios.
Así se expresaba delante de Adren, una ondina pelirroja de ojos azules y pecas.

Adren había cruzado las puertas del jardín prohibido, lleno de las plantas y flores más exhuberantes que se puedan imaginar, de gran tamaño exoticos colores y jugosos frutos y se había acercado a la orilla del lago simplemente por la curiosidad de ver el jardin y de beber en las magnificas aguas de su lago.

—¿Quién eres tú? —dijo de manera muy tímida.


—Soy la guardiana del lago —le respondió ella de manera altanera.

Adren se metió lentamente en el lago y la ondina se le acercó. Adren la miraba con lujuria, era tan rabiosamente hermosa-

Cayeron en lo que él creyó un beso apasionado de amor, poco después se habían juntado tanto que no se distinguían el uno del otro, haciendo el amor a la orilla del río. Se besaron en la orilla, Adren tocó sus hermosos pechos mientras el agua tibia los envolvía y despues pasaron a hacer el acto sexual

En ese momento Adren observó que la ondina ya no tenía esa piel suave sino una piel dura y escamosa como la de un reptil, después vio cómo su cara y sus ojos ya no eran los mismos sino que se ponian de color rojo y le aparecian unos colmillos.

Al poco tiempo se habia convertido en un enorme reptil de tres metros y enormes garras.

Antes de que pudiera emitir un grito de terror, la criatura había cambiado y empezaba a desgarra con sus afilados colmillos todo su cuerpo, convirtiendo lo que antes habían sido caricias dulces en horribles dolores llenos de sangre. Adren murió antes de entender qué había pasado

Cuando el cuerpo de Adren cayó de sus fauces, el monstruo volvió a la laguna a esperar a su siguiente víctima.

miércoles, 10 de junio de 2009

EL HADA

EL HADA

De Ignacio Pantoja

Se coló por la ventana que daba al bosque, entonces lo vio, no entendía cómo los humanos podían vivir en aquellos lugares metidos entre penumbra, utilizando unas luces mediocres y enfermizas de color naranja que salían de unas frutas duras y calientes; después vio al humano, era horrible, era desproporcionadamente grande; además, era feo, grotesco e inmundo; le vio cómo iba vestido y se sintió mal, llevaba una ropa horriblemente fea, de colores y que no servía para nada, solo le quedaba mal; después le vio encender un aparato cuadrado por el que se oían unas voces roncas y desmejoradas, en el que salian mas humano igualmente grotescos, mas tarde le vio comer un trozo de carne con unos elementos metálicos repulsivos, se la metía en la boca; la mordía con sus horribles y sucios dientes; después se levantó para ir al baño. Le vio algo parecido a un gusano que excretó una espuma horrible sobre otro utensilio con pelos se lo metió en la boca, entonces el humano empezó a escupir; cosa que a ella le provocó una arcada hasta que vomitó. Entonces habiendo visto mucho, volvió junto a las demás hadas a redactar su informe sobre el repugnante ser que planeaban cenar esa misma noche con sus afilados dientes.

sábado, 6 de junio de 2009

Fenix

EL FÉNIX

Por Ignacio Pantoja

Uno… dos… tres…

Los esfuerzos que hacia por salir de la cascara dura eran cada vez más fuertes, había despertado hacía poco y cada vez tenia más ganas de salir, se sentía más y más poderosos.

Uno… dos… tres…

Ya lo había conseguido, ahora solo tenia que hacer un último esfuerzo, desplegó sus enormes alas e iluminó todo el valle, se inclinó y saltó al precipicio.
Primero cayó y cayó, pero al cabo de un rato era más fuerte que la gravedad y salió impulsado hacia arriba, el batir de sus alas se oía como un tambor a kilómetros.
Siguió batiendo y batiendo sus alas, poco a poco cada vez era más grande y lo notaba, entonces lo vio: era un poblado de humanos que querían cobijarse a miles de kilómetros de allí.
Se acercó más y más hasta que los que allí vivían creyeron que salía el sol y salieron a trabajar en el campo cuando la terrible sorpresa de una mar de fuego los sorprendió.
Con picotazos crueles rompió las cabañas y se comió uno tras otro a los aldeanos, los cogió con su gran pico uno tras otro y los desmembró con sus afilados colmillos. La aldea se convirtió en un infierno de sangre, miembros y fuego.
Una vez acabó con ellos se dispuso a volver a lo alto de la catarata para morir donde nacerá mañana.

Uno… dos… tres…

Los esfuerzos que hacia por salir de la cascara dura eran cada vez más fuertes, había despertado hacía poco y cada vez tenia más ganas de salir, se sentía más y más poderosos.

Uno… dos… tres…

lunes, 20 de abril de 2009

El Gris

EL GRIS


Subía cansado, hacía ya mucho tiempo que avanzaba por la cumbre, horas y horas de sufrimiento, desazón…
Deseaba llegar a la cima, era K.P. Roostringerd, el primer explorador que escalaba esa montaña de Marte, ahora casi estaba llegando… rojo, rojo, rojo. Tierra roja como la sangre que brotaba de sus piernas y su nariz, polvo rojo, tormentas rojas, nubes rojas, planeta maldito.
Poco a poco avanzaba a duras penas. Cuando pudo contemplar toda la cumbre de la cima una presencia se le apareció

«Un niño», pensó, pero no era un niño, era un ser de color grisáceo, de extrema flaqueza y grandes y ovalados ojos que le observaban.
—¡Santa María, Madre de Dios —exclamó y sacó el crucifijo de debajo de su grueso abrigo.
El gris se acercó hacia él.
—¡Vade retro, demonio! —le espetó, se sentía violento, había oído hablar mucho de esos seres pero jamás pensó que se toparia con ninguno.
El gris seguía hermético, sin expresión, entonces oyó su voz en su mente:
«Largo de aquí, humano».
Se asustó, pero replicó:
—El único que se va a ir de aquí eres tú. Marte ha sido conquista por la Tierra en nombre del presidente John Wytzen
«Los humanos sois animales, la única raza que conquista somos nosotros. Te advierto que no des ni un paso más».
—¡Jamás, chupadores de cuerpos! —Y empuñó su arma contra la criatura.

Fue lo último que sintió.

Pasados siglos cuando la humanidad se instaló definitivamente en Marte, la tumba de K.P. Roostringerd dio nombre a esa comarca y a la cordillera que se extiende a lo largo de ella hasta las nubes.

viernes, 27 de marzo de 2009

Natalia

NATALIA

De Ignacio Pantoja

Natalia miró hacia el horizonte, aquellas motas de color morado anunciaban que en breve saldría el sol por donde el color negro de la noche empezaba a convertirse en azul.
El conducto de alta velocidad que recorría el océano Atlántico en media hora iba a llegar a su destino, a lo lejos veía las inmensas torres de Lisboa, después cogería un bulsko a Madrid que estaria en diez minutos. Natalia tenía muchísimas ganas de llegar pues allí encontraría a su novio y deseaba verle.

-Natalia- dijo una voz dentro de su bolso-¿Cuánto falta?

-Muy poco…estate tranquilo, Arkpi- dijo ella con dulzura

Nada más llegar empezaban a aparecer los primeros rayos, pero el sol aún no había salido. Por fin llegó a la ciudad de Lisboa, se había levantado muy pronto desde Nueva York, había estado deseando toda la noche que llegase el alba y casi no había dormido, por un lado estaba esperanzada pero por otro tenía miedo. Caminó tranquilamente hasta que vio la parada de los bulskos.
Observó Lisboa, las ciudades-edificios que se perdían entre las nubes del cielo, las subterráneas, las enormes plazas llenas de palomas gigantes en las que a veces se montaban los niños, los perros de múltiples razas, los gusanos gigantes que jugaban con la gente y sobre todo la cantidad de árboles de colores, los de carne, etc.
Cuando cogió el bulsko, éste sintió adonde quería ir y en poco menos de diez minutos llegó al hospital.
Cuando entró, un insecto inteligente le dijo que su novio estaba en el cuarto piso y lo siguió. Anduvo triste y cabizbaja por los pasillos del gran hospital y, por fin, guiada llegó a la habitación.

Desde que sus padres murieron en su infancia, su único amigo y ahora novio había estado a su lado siempre y de manera fiel.
Vio la sala donde estaba su novio metido en una cápsula donde unos robots trabajaban por su vida. Su cabeza había sido seccionada cuando iba a Marte, un accidente de trabajo. Ahora mismo su cuerpo se encontraba sin ella y los robots trataban de regenerarla mientras hacían latir su corazón y sus órganos.
—Señorita Natalia —dijo alguien a su espalda. Era un hombre con una bata blanca, canoso con gran bigote blanco y ojos azules—, lamento decirle que no van bien las cosas...
Miró a su novio otra vez de manera triste y después se alejó de la habitación por los pasillos y puso la mano encima de su vientre donde algo se movía, algo humano y se puso a llorar.


Natalia salió del hospital por la puerta principal. Ya había amanecido completamente y la muchedumbre, los niños que iban al colegio, los ejecutivos que acudían a las ciudades-empresa, los enamorados que salían al sol, empezaban a llenar la calle. Sabía adonde tenía que ir: se acercó al puesto de las palomas gigantes, pidió una al empleado y se montó, se apretó el casco y el cinturón y murmuró algo que la noble ave entendió y con suavidad emprendió el vuelo hacia arriba, en pocos minutos la dejó sobre el edificio-ciudad más alto e importante de Madrid, a 5000 metros de altura. Allí otro empleado la recogió en la última planta, recorrió el largo pasillo, una vez más adentro, sin llamar a la puerta entró en un gran despacho del fondo, una docena de pares de ojos la miraron
—Nos vamos —dijo una mujer y los demás se fueron, pasaron a su lado como fantasmas y desaparecieron tras la puerta, solo un hombre canoso, fornido y de mirada severa se quedó en un gran sillón al fondo.
—Ya era hora, Natalia —dijo—. Mi bisnieto no está bien. Ya lo sé. No sobrevivirá. —Hizo una pausa—. ¿Quieres vino?
—No, gracias. No bebo.
—Él debía de hacerse cargo de la empresa, en él deposité todas mis acciones.
Natalia asintió.
—Ahora mismo las acciones te pertenecen, ya que llevas un hijo suyo; te harás cargo de todas las responsabilidades que eso conlleva.
Natalia lo miró asustada.
¬—¡Me escuchas, Natalia!
—Sí, señor —respondió temerosa, de manera automática.
—Si no haces lo que te digo conseguiré las acciones y cuando nazca el bebé también te lo quitaré —la increpó duramente—, pero de momento tu firma me es necesaria.

Natalia suspiró.
—¡Nadie quiere comprar acciones de la empresa! —gritó el anciano—. Ni mis hijos ni mis nietos, y ahora todo depende de una desconocida. Quiero que vayas a Marte cuanto antes —su voz sonaba más a una orden que a una petición—. Los árboles de carne pronto darán sus frutos y alguien tiene que dirigir las cuentas.
—De acuerdo —dijo ella sin ninguna gana de cumplirlo¬—. Date prisa —dijo Agul—, todo depende de ti, mi vida y el futuro de todos.

Natalia salió del despacho entristecida, bajó a la calle en la paloma, luego cogió un bulsko hasta Lisboa. Llegó a la estación del conducto de alta velocidad que cruzaba el Atlántico, una vez en el conducto se sentó sola y comenzó a llorar.

—No llores —dijo una voz dentro de su bolso una criatura como un gato pero de color azul y morado la hablaba—, el futuro es prometedor.
—Pero yo no quiero esto, es demasiada responsabilidad —respondió a Arkpi.
—No te veía así desde que murieron tus padres —dijo su mascota—. Tienes que seguir siendo fuerte.
—¡Pero podría abortar! —gritó.
—Eso no lo harás mientras yo este aquí, ¿me oyes, Natalia? No puedes hacer eso, el bebé… llevas tres meses, sería horrible.
—Pero me convertiré en su esclava —sollozó.
Natalia siguió llorando durante todo el viaje del conducto de alta velocidad. Arkpi la miraba sin saber qué hacer, una vez llegó a Nueva York, cogió un bulsko hacia su pequeña casa en medio del campo, en la ciudad había dos torres enormes las cuales se iluminaban a la misma hora, la estatua de la libertad no estaba…
—¿Qué te ha dicho ese demonio? —preguntó Arkpi una vez llegaron.
—Tengo que hacerme cargo de todo, creo que no tengo escapatoria, ni aunque me fuera a Selenia, la capital de la Luna.
Arkpi se quedo mirándola:
—No puedes hacer nada. El tataranieto es suyo.
—La familia de Agul es la más poderosa aquí y en Marte —dijo ella atemorizada—, si se enteran de que pienso en abortar, me matarán.
—Hay gente —dijo su fiel mascota— que tiene más responsabilidad que cuidarse de sí mismos, hay gente que tiene una misión mayor en la vida.
Natalia se quedó llorando a la entrada de su casita.


Entonces llamo a un vehiculo.

-Vamos a escapar de el-dijo

-Si es lo que quieres yo estare para protegerte

Natalia hizo las maletas y se dispuso a huir, no tenia escpatoria y la idea de abortar era una carga, un dolor que le parecia insufrible

Asi que pronto llegaron a Japon para coger un vuelo a Selenia

—No te preocupes —le dijo su mascota- protector—, dentro de poco serás libre.
—No puedo seguir así, me voy a volver loca —gimió ella.
—Tienes que acordarte de todo por lo que te has esforzado en tu vida, desde la muerte de tus padres. Recuerda cómo te sacaste la carrera, como superaste tu ingreso en el psiquiatrico, como a pesar de los problemas has ido avanzado, estoy muy orgullosos de ti, Natalia., todo se solucionara, ya lo veras.

Entonces por el pasillo pasaron dos hombres, uno era grande como un armario y el otro era un anciano.
—Creíste que podrías escapar de mí. Es intolerable —dijo con voz severa.
—Señor Agul —dijo ella asustada— yo no quería…
—Por supuesto que querías. Lo que mas detesto es tu cobardía: eres una niña miedosa y estúpida. ¡Una vergüenza para mi familia!
Natalia lo miró.
—Ahora mismo vas a ir a Marte y cuando tengas el hijo te lo quitaré y desaparecerás de nuestras vidas, ¿me escuchas? —Natalia asintió sin hablar—. Si ahora mismo viviese mi bisnieto le desheredaría. ¡Sois una vergüenza los dos! Y seguro que tu hijo será igual de despreciable.
Entonces Arkpi desde el bolso de Natalia, su apariencia habia dejado de ser la de la amable mascota y ahora era de color negro y rojo, tenia el pelo encrespado y unas uñas enormes; saltó sobre Agul y le cablo las uñas en el cuello de improvisto, Agul intento agarrarlo, pero Arkpi ahora mismo era una bestia, emepezo a arañarle por todo el cuerpo con violencia hasta que callo desangrado.

—Natalia —dijo Arkpi mirándola y un segundo después fue desintegrado por una arma del guardaespaldas.
Tras esto Natalia fue detenida y obligada a volver a Madrid, una vez en el despacho de Agul encontró a una mujer de más de cien años sentada, que con un tono muy serio la dijo:
—Mi marido era un hombre sin escrúpulos. Sé que tú no lo has matado… a veces es cuestión de nuestras mascotas el ayudarnos a salvar nuestro destino… —suspiró—. Quiero que desaparezcas de nuestras vidas, tomarás una nueva identidad y criarás a tu hijo sin el apellido de nuestra familia, ¿me entiendes?
—Sí —dijo Natalia.
Cuando Natalia bajó en la paloma, vio el mundo verde y a los gusanos gigantes jugando con los niños, la noche empezaba a llegar y por primera vez en muchos años se sintió feliz, pese a haber perdido a su mejor amigo, por fin era libre.

domingo, 8 de marzo de 2009

El Gato del Diablo

El gato del Diablo


Desde algunos años había un invitado no deseado en el hospital, algo negro, algo que se movía rápido entre las camas, algo indeseable, algo intangible, algo oscuro que aterrorizaba a todos los ancianos de ese geriátrico, lo llamaban el gato del terror pues decían que todo en quien se quedase moriría irremediablemente.

Jacinto era un hombre católico que no temía a la muerte, sin embargo cada vez que veía pasar al horrible felino sentía escalofríos y nauseas, era una pena que se hubiese dejado a ese demoniaco ser entrar en un lugar tan sagrado como un hospital de ancianos, la gente se apartaba de el, sentía pánico, era un gato negro como el ala de un cuervo y con los ojos verdes brillantes, extraterrestres, alguno había dicho que era la encarnación del mal, ya que donde se tumbaba moría alguien

Hace pocos días una anciana lo agarro y estuvo a punto de retorcerle el cuello tras lo que el felino emitió unos maullidos infernales y unas funcionarias sujetaron a esa mujer, una semana después falleció, los abuelos, lo respetaban, mas que respetarlo, lo temían, tenían pánico pues era como la parca, era un diablo negro y de cuatro patas.



Una noche que dormía tranquilamente Jacinto en su habitación oyó movimiento fuera y un maullido sobrenatural, hacia tiempo que el malvado felino elegía a su victima, habían sido en vano todos los intentos de deshacerse de el, pero desde que aquella funcionaria lo trajo aquel lugar había pasado de ser un lugar agradable donde curarse o el peor de los casos esperar apaciblemente a la muerte a ser un lugar de pesadilla.

Y entonces lo vio, unos ojos verdes reptilianos y un menudo cuerpo negro como la noche, pero había algo mas en ese gato en ese momento una inteligencia fría, una inteligencia malvada, algo tenebroso y endemoniado.

-Gatito, que te pasa- dijo Jacinto preocupado por si al gato le pasaba algo

Y entonces soltó un maullido que pareció más bien como un ser humano que acabase de perder su alma

-Que te pasa gatito, te encuentras bien- y se acerco para hacerle una caricia y de repente el gato le clavo cruelmente las uñas en las que Jacinto sintió dolor como una descarga eléctrica fría y noto unas quemaduras, aterrorizado cayo al suelo y de repente el gato como si fuese un ente mitológico, algo de las leyendas de la España profunda estiro sus patas y se puso de pie, y las orejas se le pusieron de punta y los ojos verdes brillaron aun mas mientras mostraba una terrible sonrisa.

Jacinto aterrorizado retrocedió, y trato de alejarse, entonces ocurrió algo más horrible, el gato de la funcionaria tonta y gordita empezó a mover sus hombros y a aumentar de tamaño. Primero como un niño de 5 años, luego como uno de 10 y luego alcanzo el tamaño de Jacinto y aun mas hasta convertirse en un demonio negro de dos metros, Jacinto chillo con todas sus fuerzas, pero el gato comprendía lo que pasaba y con una sonrisa inimaginable se fue a por el. Su cuello se despego de su cabeza como una culebra y se acerco cara con cara y lo miro y justo al ver esa cara de ojos verdes y ancha sonrisa inteligente Jacinto sintió la muerte, entonces el demonio río, río con risa de mujer, alta y con maldad y comenzó con sus larguísimas uñas a destripar a Jacinto, por mucho que grito nadie lo oyó y lo peor es que cuando le abrió las tripas aun seguía vivo.

A la mañana siguiente como muchas otras dos funcionarios encontraron la escena cotidiana, otro anciano muerto de manera natural pero sospechosa y a sus pies un gato.

-Si el diablo existe- dijo uno de los dos funcionarios- ese es su gato

viernes, 30 de enero de 2009

SIGLO XXV

SIGLO XXV

Siglo XXV


Natalia miro hacia el horizonte, aquellas motas de color morado anunciaban que en breve saldría el sol por donde el color negro de la noche empezaba a convertirse en azul.

El conducto de alta velocidad que recorría el océano Atlántico en media hora iba a llegar a su destino, a lo lejos veía las inmensas torres de Lisboa, la segunda cuidad mas grande de Iberia; después cogería un bulsko a Madrid que llegaría en 10 minutos.

Desde que se inventaron, el coche no era necesario, además se alimentaban de oxigeno así que no hacia falta usar recursos caros y difíciles de encontrar, los accidentes eran imposibles, solo tenias que meterte y te llevaría a donde quisieras a una velocidad impresionante y jamás se chocaría con otro pues todos estaban programados para no acercarse a menos de 30 metros uno de otro. Además no podía chocar contra nada pues flotaban a uno de la superficie.

Por fin llego a la ciudad de Lisboa, se había levantado muy pronto desde New York la tercera ciudad más grande del país americano, ya que en el continente no había fronteras , pasadas guerras y guerras.

Nada mas llegar, el Sol empezaba aun sin salir a dar sus primeros rayos; toda la superficie de las ciudades era verde, el ser humano se había reencontrado con la naturaleza ya que era casi inmune a ella, el VIH y la gripe habían sido erradicados hace mucho tiempo, y si aparecía algún mal nuevo en pocos minutos el ser humano seria insensible a el.

Natalia era aun muy muy joven a pesar de sus casi 30 años, en un mundo donde los 200 se solían pasar. Era muy difícil sentirse algo mayor y con autoridad para algo.

Camino tranquilamente hasta que vio la parada de los bulskos, no hacia falta pagar nada, una vez que el hambre y las guerras desaparecieron del mundo no era necesario el dinero.

Observo la ciudad, las ciudades-edificios de mas de 5000 metros de alto, las subterráneas, las enormes plazas llenas de palomas gigantes de mas de 2 metros en las que a veces se montaban los niños; los perros de múltiples razas, que no tenían pulgas ni hacían caca, los gusanos gigantes que jugaban con la gente y sobre todo la cantidad de árboles de colores, algunos daban frutas gigantes capaz de alimentar a una ciudad y también los árboles de carne, ya que en aquel mundo no había necesidad de matar a los animales porque los podían producir esos tejidos.

Cuando cogio el bulsko, este sintió adonde quería ir y en poco menos de diez minutos llego al hospital.

Cuando llego un insecto inteligente la dijo que su novio estaba en el cuarto piso y lo siguió, vio perros y gatos cuidando y consolando a ancianitas y unos seres redondeados que hacían de mascotas de los niños.
Anduvo triste y cabizbaja por las últimos pasillos del gran hospital y por fin, guiada por el insecto inteligente; estos habían empezado a ser utilizados por la humanidad hacia siglos ya; primero se utilizaron con fines bélicos, para espiar al enemigo, después se les enseño a comunicarse y mas tarde se les diseño un programa para que pudiesen emitir sencillos sonidos, además de eso con la biotecnología se les dio mas inteligencia y mayor tamaño en algunos casos, no fueron los únicos, había pulpos, peces y sobre todo animales domésticos que podían apoyar y consolar al amo como perros, gatos, cobayas, pájaros, etc...

Aun así no siempre era posible vivir sin la ausencia de otros humanos. Sus padres habían muerto en su niñez en un viaje de pocas horas hacia Marte, desde que se empezó a colonizar y a plantar allí los viajes se habían hecho algo común, el primer viaje a Marte tardo un año pero ahora con la mejora de la tecnología en menos de un día se podía viajar sin problemas, desgraciadamente era como a principios del siglo XXI viajar en coche, a veces algo fallaba y se producía un accidente mortal.

Los padres de Natalia murieron cuando ella tenia solo 8 años y había desarrollado una crisis muy grande que le hizo estar ausente de la realidad mucho tiempo, estuvo en un internado varios años hasta que consiguió salir y se saco la carrera, ahora su novio lo era todo para ella, pero sin embargo volvió a cometer el mismo error de viajar a Marte y se había seccionado la cabeza; ahora todo era curable y se podían regenerar todos los miembros del cuerpo, sin embargo los médicos no estaban seguros.

Llego a la sala donde estaba su novio metido en una capsula donde robots trabajaban por su vida duramente, no se necesitaba sangre ni órganos para seguir vivo ya que todo se podía regenerar, sin embargo una cabeza era muy difícil, algunas veces se había conseguido pero siempre la persona volvía tocada; es por lo que decían que el alma nunca puede volver ya que es algo espiritual.

-Señorita Natalia- dijo un hombre a su espalda, era un hombre canoso con gran bigote blanco y ojos azules, estaba en plena forma a pesar de sus 123 años de edad- lamento decirle de que no van bien las cosas...-dijo mirando al suelo.

Miro a su novio otra vez de manera triste y después se alejo y puso la mano encima de su vientre donde algo se movía, algo humano, había cosas que a pesar del increíble aumento tecnológico y medico seguían siendo igual que sus antepasadas de siglos y siglos.

DOS DE ESPADAS

Desde que nació estaba preparado para este momento, cumplir los 14 años significaba en su pueblo someterse al desafío que todos los varone...