martes, 30 de abril de 2013

El Deber y la Confianza


La noche en la vieja plaza frente a la catedral era solitaria y oscura; un hombre alto surgió como una sombra de la noche.

Otro esperaba sentado en la otra punta.

Primero se detuvieron, más adelante el mas alto le hizo una seña al otro y éste se acercó.

El primero se acercó más y sacó un arma de debajo de la gabardina y pronunció bajo pero claro estas palabras:

“El Cielo gritó a la Tierra que le devolviese lo que era suyo”.

El agente esperó la respuesta de su compañero con la pistola en mano, apuntándole.

El otro agente abrió la boca, vaciló, y la cerró.

-La contraseña -exigió el primer agente
El segundo agente abrió la boca y la cerró.

-Ultima oportunidad.

El otro agente por fin habló.

-Uhard, no la recuerdo;  no te estoy engañando, la he olvidado en la última hora.

Brok empezó a temblar y se puso la mano en la frente como tratando de pensar.

-Es la contraseña o la muerte, estamos tratando cosas muy serias- insistió Uhard.

-Uhard, sé tu nombre verdadero, esto es que nos conocemos desde niños; acuérdate cuando jugábamos al fútbol en la colonia. ¡No puedes olvidar todo eso!- dijo levantando el tono y con mucha ansiedad

-Brok, no sé si has cambiado de bando, necesito la contraseña.

-Sabes que no te iba a mentir, hemos sido vecinos desde los dos años hasta los 20; te digo que la he olvidado créeme, por favor, te juro por Dios que no te estoy mintiendo- dijo mientras gesticulaba rápidamente.

-Sé todo eso; pero lo que protegemos tiene más valor que nuestra amistad, la contraseña, última oportunidad.

-Te digo que no me he pasado al enemigo, me he olvidado en esta última hora, era larga y difícil, por favor déjame al menos irme. Te he perdonado muchas veces por mantener nuestra amistad, dame la oportunidad de huir. No diré nada, te lo juro. –Dijo totalmente desesperado

-No puedes irte Brok- Sentencio Uhard

Brok golpeo el arma de Uhard y desvió el primer disparo y lanzo un fuerte golpe contra el rostro de Uhard, éste lo esquivó y disparó tres veces seguidas, una cuarta en la cabeza cuando estaba en el suelo.

Después se alejó y una pequeña lágrima salió de su ojo izquierdo, pero con la conciencia tranquila de haber cumplido con su deber.

miércoles, 17 de abril de 2013

El Gato del Farero


Nyrcella llego al gran salón, se preparo un vaso de coca cola y se sentó sobre el sillón; su gata blanca salto sobre ella y se recostó.

Nyrcella abrió el periódico y empezó a hojearlo.

-¡Hijo de puta!- pronunció de repente mirando una noticia.

-¿Qué te ocurre?- le preguntó Regho que pasaba por allí.

-Una barbaridad- contesto Nyrcella- un mandamás de Nueva Zelanda quiere acabar con todos los gatos- dijo mientras acariciaba a Luna, su gata- que son asesinos de la naturaleza.

-Habría que meterlo en la cárcel- sugirió Regho- no sé cómo hay gente tan insensible en el mundo.

-Imagínate que se lo hicieran a Luna- respondió Nyrcella mientras se miraba con su gata con cariño.

Sonó el timbre.

-Es tu hermano- dijo Nyrcella- ya ha hecho la compra.

Regho abrió la puerta y se encontró con Bleison lleno de bolsas.

-Joder, ayudadme un poco- regaño él.

Regho copio algunas bolsas y se preparo para ir a la cocina.

-Fíjate en esta noticia- dijo Nyrcella indignada sin moverse del sofá y le tendió el periódico.

Blaison lo leyó.

-Luego dicen que somos el único país primitivo por nuestra “fiesta nacional”.

-Bueno no es exactamente lo mismo.

Regho echó una mirada antes de entrar en la cocina, sabía lo que se avecinaba.

-¿Qué no es lo mismo qué?- voceo Nyrcella con furia.

-Que no es lo mismo que matarlos por diversión como a los toros en España- dijo Blaison terminando de leer el artículo- se trata de una medida para proteger las aves autóctonas.

Nyrcella lo miró con sorpresa; Regho escuchó desde la cocina.

-Hay una serie de aves endémicas de Nueva Zelanda, mas bien del continente de Oceanía cuyos depredadores naturales están extintos y corren peligro de extinción si se deja a depredadores invasores como los gatos y los perros- explico Blaison.

-¡Y eso justifica que la despellejen!- grito Nyrcella sosteniendo a Luna.

-No dije eso, dije que…- intento explicarse Blaison.

-¡Menudo biólogo de mierda!- expreso Nyrcella muy airada mientras sostenía a Luna en su regazo- ¡Tanta lucha contra los asesinos de toros y ahora les das la razón!

-Menudo cambio de opinión- dijo su hermano saliendo de la cocina mientras tomaba una Fanta- Ya vas conociendo a tu cuñado- le dijo a su novia.

-No me habéis dejado explicarme- dijo Blaison mientras se sentaba en el sillón y dejaba el periódico sobre la mesa de cristal.

Nyrcella lo miró con odio.

-También matamos mapaches aquí en Doñana y no es por diversión; es por defender a otras especies, ellos son especies invasoras que les ponen en peligro.

-¡Eso no justifica nada!- bufó Nyrcella.

Regho se apoyó en el sofá.

-En Nueva Zelanda existían aves monstruosas como el Moa o el Águila de Hass, extintas por el hombre; ojala existieran aun…

-Eso nunca fue culpa de los gatos…-empezó Nyrcella.

-Si, muchos de ellos han acabado depredando a muchas aves de las islas de Oceanía, especies enteras que poblaban cantidad de islas…algunas de ellas se contaban por millones; los gatos no son sus depredadores naturales y no tenían como defenderse; los gatos viven en los seis continentes pero no podemos permitir que acaban con especies únicas de una isla, como biólogo sé que hay que tener un control.

-Nyrcella, algo de razón si lleva- dijo Regho- no se trata de matarlos por diversión, solo controlar su peligrosidad.

-¿Ves que Luna sea peligrosa?- respondió ella- el único animal peligroso el ser humano.

-No me gustaría encontrarme un león en medio de la sabana- respondió Regho riéndose.

-Fíjate Nyrcella; en octubre de 1895 el gobierno británico instaló un pequeño faro en la isla de Stephens - una pequeña isla entre las dos grandes  de Nueva Zelanda –con la misión de que orientara a sus barcos por el peligroso paso; allí se establecieron el farero David Lyall, su familia y su mascota, un gato llamado Tibbels.

Regho escucho con atención; Nyrcella abrazo a Luna.

-Allí vivía una pequeña ave nocturna no voladora - prosiguió Blaison-  fue descubierta por David cuando Tibbels le trajó trece trofeos.

David aficionado a la ornitología envió los cadáveres de las aves al museo de Wellington, para que fuese declarada especie descubierta y protegida. Allí le dieron el nombre de Xenico de Lyall en honor a su descubridor; pero antes de que llegase Navidad, Tibbels había acabado con toda la especie.

“Plantéate si ese pobre animal merecía el mismo respeto que Luna, Nyrcella”

Blaison abandonó el salón subiendo por las escaleras; Nyrcella abrazo a Luna pensativa; Regho se sentó su lado y suspiró sin saber qué decir.







martes, 2 de abril de 2013

EL BUHO


-Está ahí- dijo ella

-Déjame -dijo él- mañana madrugo, no puedo estar toda la noche escuchando tus miedos a la oscuridad

-¿No oyes como ulula?

-Uff!

-Está cerca de la ventana, ¿no oyes como la rasca?

-¿Queeeé…?

-El buho

-En la ciudad no hay búhos, cariño

-Pero, ¿no ves sus ojos? ¿No ves como me mira?

-Déjame dormir

-Está muy cerca, ha entrado en la habitación, lo veo entre las sombras

-Ahh.

-Se ha metido en la cama, me está recorriendo todo el cuerpo

-¿Que narices dices?

-Está clavando sus garras en mi tripa, quiere a mi bebe.

El abre los ojos y se da la vuelta y enciende la luz:

-¿Qué bebé? ¡Sabes que no puedo tener hijos!

DOS DE ESPADAS

Desde que nació estaba preparado para este momento, cumplir los 14 años significaba en su pueblo someterse al desafío que todos los varone...