miércoles, 27 de agosto de 2014

2084

Resoplando y con la cara enrojecida, Zeo Zagart entro en la última sala del largo pasillo, abrió y cerro las puertas externa e interna hasta llegar a la sala sin cámaras, a pesar de todo apago todas la luces, pues nunca estaba seguro de que no lo estuvieran vigilando.

Hacia muchísimo tiempo que su cerebro daba demasiadas vueltas a saber si realmente la homosexualidad en algún momento de la historia estuvo mal vista, que significaba “racismo”, “Iglesia” o la enigmática palabra “Dios”.

Cogió la luz del móvil y saco el libro arrugado del bolsillo de su cazadora, tomo el libro prohibido de Iacob Silverstone y comenzó a leer.


“El mundo de hoy en día no se parece prácticamente en nada a los últimos 2000 años, durante todo ese periodo, desde el llamado “Imperio Romano” que comprendía la parte septentrional y cierta meridional del Mediterráneo, hasta finales del siglo XX el mundo estaba dividido en tres tipos de personas. La clase alta, la clase media y la clase baja. La misión de la clase alta era mantenerse en el poder, la de la clase media suplantarla con ayuda de la clase baja, la cual su única misión era sobrevivir ante el hambre y la enfermedad.


Durante todo ese tiempo, las clases altas permanecía, por la fuerza llamada “ejercito”, el dinero y la religión llamada de diferentes maneras dependiendo de cada parte del Globo Terráqueo pero cuya función era impedir la rebelión de la gente.


A finales del siglo XVIII, el aumento de la población y de la tecnología genero la “Revolución Industrial” y las revoluciones socialistas, en la cual los seres humanos empezaron a tomar otro tipo de actitud gota a gota; con mayor necesidad de culturizarse y por lo tanto reclamar sus derechos.
Fue un proceso lentísimo, pero poco a poco las sociedades empezaron a tener más acceso a la información y por tanto tuvieron mayor capacidad para reflexionar y por ello mismo a exigir lo que ellos consideraban que les habían quitado.
En los tiempos antiguos, la electricidad, los medios de comunicación no tenían capacidad de conectar unos pueblos con otros y el viaje de una parte a otra podría ser enormemente costoso existiendo solamente cien kilómetros de diferencia.
Podría hablarse de una falta de comunicación, no por errores del sistema sino por el espacio físico medido en kilómetros.
Lo que hoy es posible abarcar en una décima de segundo entre este territorio y las islas antes llamadas “Nueva Zelanda” no solamente era difícil sino imposible en la práctica, no solo el sonido o las imágenes, sino la capacidad de poder llegar más allá de los Pirineos.

El mundo solo se podía imaginar, ni siquiera se sabía dónde vivíamos, se desconocía la existencia de nuestro planeta.
Para encontrar una explicación a todo ello y para mantener a la gente esclavizada surgió una figura, llamada Dios, la imagen de un ser ultra natural que todo lo veía y todo lo escuchaba en todas partes de manera omnipresente, inmortal, y todopoderosa. Pasando por varios “formatos”, desde las religiones de Egipto, hasta la Iglesia Católica, el Islam y la religión ateísta de Asia Oriental.
La cual para ejercer el total dominio de la clase alta sobre las medias y las bajas lanzada la idea ilusoria y ridícula de que existieran el placer y el dolor después de la muerte. Existiendo un lugar de máximo placer para quienes cumplían las normas del poder llamado “Paraiso” y lugar de máximo dolor y sufrimiento para aquellos que las incumplían llamados “pecadores” llamado “Infierno”.
Esto, junto a la dificultad de comunicación hacía creer a todos los pueblos, que otros pueblos que practicaban unas creencias y disciplinas parecidas fueran malvados y hubieran de ser culturizados, a ellos se les llama “infieles” y al método “conversión” o “evangelización” que significaría lavado de cerebro.
Bien, durante muchos siglos la humanidad se mantuvo en este equilibrio, sin embargo gota a gota, el avance de la ciencia, la ingeniería y la cultura aumentaron, permitiendo a unos pueblos encontrarse con otros y encontrar más que sospechosas coincidencias.
Las palabras; “patria”, “nación” o “raza” fueron perdiendo poco a poco valor, las fronteras comenzaron a abrirse, con ellas las personas y los negocios, las uniones empezaron a incrementarse, el dinero era el único poder que existía, no era necesario defender un territorio o una cultura sino simplemente enriquecerse y tomar poder, el dinero era el idioma internacional y para ello empezó a haber un idioma internacional, una cultura internacional y unos medios de comunicación internacionales.
Era imposible el modo de vida sin poder relacionarse a grandes distancias, las personas de una raza o cultura diferentes pululaban por todos los lugares, desde Portugal hasta el estrecho de Bering, desde la península del Labrador hasta el Cabo de Hornos, desde África meridional hasta el extremo oriental de Australasia.
El intercambio genético fue quitando poder a las identidades nacionales, las lenguas y las razas, una gran cantidad de razas fue apareciendo y confluyendo en una sola, el mismo idioma: la misma diversión.
Llegamos a una aldea global en la cual cada vez se exigía más pluralidad cuando a su vez significaba menos, los gustos sexuales entre hombres y entre mujeres borraron la idea de la “familia tradicional” , el sexo, lo que diferenciaba entre hombres y mujeres acabo terminando en una confluencia de seres humanos los cuales crearon todo tipo de intersexualidades.
Antiguamente las palabras “hombre” y “mujer” hacían referencia a dos tipos completamente de personas, con roles y personalidades diferentes. Hoy en día solo hacen referencia en algunos casos a quien puede tener la capacidad de gestar un embrión durante un tiempo y quiénes no.

La experimentación genética comenzó en los vegetales, para pasar a la ganadería así de hacer alimentos más sabrosos y más sanos, para continuar con los animales domésticos, dando lugar un elenco enorme de híbridos entre lo conocido por “gatos”, “perros” o “conejos” para dar lugar a una infinidad de seres que podían acompañar a su amo sin portar enfermedades, cambiar de color e incluso adoptar los cambios de humor de su amo a fin de ser más cariñosos y útiles.


Todo ese proceso acabo modificando a los humanos de tal, modo que no solamente podía permitirle unir cualidades de los sexos ancestrales, sino de animales y de otras criaturas que en un principio solo existían dentro de sus cerebros.

Sin embargo todo este cambio no hizo que la gente fuera más ambiciosa, ni menos cruel, ni si quiera que generará menos dolor y sufrimiento entre sus semejantes.
Lo que hace cien años, en 1984, comenzó con el ordenador personal y el VHS, término siendo el centro de atención, diversión y prácticamente sentido de la existencia de los seres humanos.

Las personas no tenían la necesidad de “encontrarse” para comunicarse, las imágenes y los sonidos viajan a una velocidad inimaginable y por tanto, el odio, el amor, la amistad y la empatía se modificaron, los crímenes como la violación, la tortura o el asesinato pueden ser grabados y vistos en todos los lugares del mundo y las personas no comprender ni sentir ninguna empatía por quienes lo padecen, cualquier cosa calificada como “pecado” anteriormente, es objeto de diversión, pues la Neohumanidad dejo de tener miedo a “Dios” y por tanto dejo de tener esperanza…”


Zeo Zagart, cerro el libro, había leído demasiado y tenía demasiado miedo, más que nunca en toda su vida.