miércoles, 20 de septiembre de 2017

DOS DE ESPADAS

Desde que nació estaba preparado para este momento, cumplir los 14 años significaba en su pueblo someterse al desafío que todos los varones debían de pasar para convertirse en adultos y dejar de ser críos.


Ser adulto es tomar una espada para defender a los demás,  tomar un caballo sobre el que cabalgar y  tomar una mujer a la que engendrar hijos.

Por ello, Clairith estaba muy entusiasmado, pero también en su interior, aunque no quisiera demostrarlo, estaba lleno de terror.

Debía de someterse a la prueba de las dos espadas y aquello podía significar la muerte.

Aquella noche, después de su juramento no pudo dormir, ni siquiera pudo cerrar los ojos; debían de suponer que en su fría y estrecha alcoba estaba dormido, pero no era así.

De madrugada dos soldados corpulentos y de mentalidad agresiva le despertaron golpeando horriblemente su puerta y gritando con una voz sin compasión.

Una jarra de agua fría, meterse en unos harapos y un mordisco de pan fue lo único que obtuvo, cuando después llevaba caminado por las nevadas y oscuras laderas de la gran montaña dos largas horas, los dos fornidos guerreros le indicaron que debía de proseguir solo hasta la cima.

Con hambre, sed, frio y dolor continuó andando mientras las zarzas le rasgaban el cuerpo y las piedras le destrozaban los pies.

Y allí al final, cuando el lucero del alba empezaba a contornear de azul marino el negro estelar del cielo, lo vio.

Como un monstruo mitológico se hallaban dos gigantescas estructuras, dos espadas cruzadas una a la otra suspendidas en el aire con un color azul eléctrico y no se podía vez la punta porque se perdía entre el firmamento.

Como guiado por un instinto se acercó, sin poder evitar el pánico una fría descarga le recorrió el cuerpo como si atravesase un campo magnético.

Puso la mano en el mango de la inmensa espada de la izquierda.

Entonces todo desapareció y su mente se trasladó, pudo verse de niño, más tarde de bebe, luego a su padre de niño, a sus abuelos de niños…

El poblado se iba haciendo más pequeño y desaparecía, lo ocupaban grandes bosques, luego enormes criaturas peludas recorrían el lugar, luego otras que parecían lagartos gigantes, al final se veía una ciénaga, luego agua, como un mar inmenso y más tarde se secaba todo y aparecía una tierra yerma…al final el sol se apagaba y solo veía oscuridad.

Entonces volvió.

Sin saber lo que hacía, se giró y toco la espada de la derecha, su mente volvió a trasladarse.

Vio el poblado crecer, los arboles perecer, desaparecer todo el verde de los valles y las montañas, emerger grandes y esbeltas estructuras hacia el cielo, inmensos rectángulos con ojos transparentes, los caminos se volvían grises, miles y cientos de miles de seres humanos aparecían y desaparecían, tanta humanidad como nunca el pudiera imaginar, cientos de caminos se elevaban y se retorcían como serpientes, mientras máquinas de apariencia agresiva y con ruedas los circundaban, enormes pájaros sobrevolaban el cielo.

Entonces todo se ponía a arder, la gente corría y gritaba, las piedras caían al suelo y los caminos de piedras se rompían y destrozaban a aquellos seres humanos, ardió todo hasta que al final solo hubo oscuridad de nuevo.

La mente de Clairith volvió a su lugar y vio como amanecía en aquella explanada, las dos figuras en forma de espada no estaban, miro a su alrededor por última vez.

Dio un paso, dos pasos y al tercero le reventó el corazón. Nunca sería un adulto.

Nunca más sería.

miércoles, 19 de julio de 2017

El Corazón del Bosque

Desde que existen los seres humanos en este mundo, no, mucho antes, vago por aquí.

Nunca he dejado de existir, por lo menos desde que tengo memoria, o desde que tienen memoria los árboles.

Siempre he estado aquí, y aquí seguiré. Antes el espacio en el que me movía era mayor; ahora hay menos verde en este mundo.

Pero siempre existió el “aroma”.

El aroma me indica el camino para regresar a mi hogar cada año, solo un día, al corazón del bosque.


El aroma es eso que permite que los seres humanos piensen, no que razonen; más bien, es su instinto.

El instinto es aquello que los ancla a la naturaleza, lo que los hace animales.

Que vivan, pero también que mueran.

El aroma está por todas partes, salió del corazón del bosque y se extiende por las ciudades. Dicen que está dentro de las maquinas, incluso en cada animal o persona.

¿Pero qué sería realmente el aroma? No puedo explicarlo con palabras de ningún idioma. Solo sé que existe desde siempre, al menos desde que yo recuerdo, y sé que seguirá después de que muera el último hombre.

Cuanto más me acerco al corazón del bosque, el aroma es mayor, y llega un momento en que no hay ningún ser humano cerca, ni ningún producto suyo que viole la impenetrabilidad del corazón del bosque.

Y allí lo veo, solo se abre un minuto al año y puedo contemplar una luz que no es común, sino que es sagrada, no está hecha de física… y dentro de ese aura, una especie de huevo se abre y aparece un bebé menudo con los ojos entrecerrados y la boca abierta, como en un gozo de algo que empieza siempre.

Lo miro y lo miramos todos los demás. El aroma sale de esa voz, una voz que no es una voz, sino un aliento que impregna el mundo…

Y ahí entonces se cierra y todo cae en las tinieblas por unos instantes, el aroma se expande y cada cual empieza a retornar a su sitio en el mundo


Todo empieza y acaba.

sábado, 3 de junio de 2017

Cultura Ancestral

Desde que aparecieron los primeros rayos de la estrella que brillaba en el horizonte, empecé a inspeccionar; Drúmulus, el planeta del tamaño del sol, era un lugar apasionante…desde sus increíbles estructuras geológicas hasta las reliquias de la antigua cultura de su extinta especie…su religión parecía prácticamente una leyenda de terror ancestral, allí como estaba en el centro del inmenso teatro podría verlos a todos…los enormes jabalíes de decenas de metros tallados en roca, los leones y mastodontes gigantescos, con los ojos vacíos de vida pues todo allí había desaparecido, toda forma de vida imaginable, y lo que más me impresiono, esa especie de criatura alada, como una rapaz, de varias decenas de metros de envergadura…

Entonces divise al horizonte otra estatua, quizá erigida en honor a un dios primigenio, era parecida a un conejo y se accedía a ella tras varios saltos de roca en roca…

Cogí la nave espacial que iba a supervelocidad y acelere todo lo posible para verla de cerca, sin embargo, según pasaban las horas me iba dando cuenta de mi error, no solo estaba mucho más lejos de lo que pensaba, sino que era infinitamente más enorme de lo que había calculado.

Cuando llegue allí observe un abismo insoldable, que desaparecia en la oscuridad de los tiempos y el salto hacia la siguiente roca parecía del tamaño de un mar que se perdía en el horizonte…

Y la estatua, la enorme estatua de dios conejo, era tan inmensa, que tendría la altura del propio tamaño que nuestro planeta tierra…

DOS DE ESPADAS

Desde que nació estaba preparado para este momento, cumplir los 14 años significaba en su pueblo someterse al desafío que todos los varone...